El inversor ingenuo es un aficionado acérrimo de las predicciones. Su inmadurez lo lleva a buscar precisión en la incertidumbre. Entonces, con frecuencia, es víctima de charlatanes que hacen predicciones, porque saben muy bien que eso es lo que la gente quiere escuchar. Al parecer, al público le gusta que le mientan. Muchos crean falsas expectativas, porque es lucrativo. Lamentablemente, la charlatanería genera atención.
En este mundo, la precisión no es posible. Porque los mercados fluctúan de manera bastante aleatoria. Entonces, siempre se hacen pronósticos en base a las probabilidades. Por lo general, se utilizan modelos del pasado para hacer proyecciones. Eso, por supuesto, no garantiza que las proyecciones siempre se cumplan. Sin embargo, eso no significa que el análisis sea incorrecto. Significa que lo improbable también ocurre. Claro que no es lo mismo un pronóstico que una predicción. El inversor inteligente invierte con la probabilidad de un pronóstico y rechaza las falsas promesas de una predicción.
Los mercados tienden a ser más irracionales en el corto plazo que en el largo plazo. Eso sucede debido a las leyes de los grandes números. El tiempo funciona como mecanismo de diversificación temporal y esto permite que las probabilidades se cumplan con mayor fidelidad.
Ahora bien, los pronósticos no pueden hacerse únicamente mirando al pasado. También hay que considerar otros factores como la macroeconomía, el sentimiento y los niveles de demanda. O sea, no es muy buena idea confiar demasiado en el análisis técnico y el uso de las gráficas. Los modelos no funcionan muy bien en etapas muy atípicas. Y me temo que ahora nos encontramos en uno de estos momentos. Son tiempos sumamente atípicos. Y los modelos tienden a fallar más de la cuenta. Por ende, lo recomendable es proceder con más cautela de la normal.



