El flujo fluido de capital entre prestatarios y prestamistas es un aspecto clave de una economía vibrante. Cualquiera que tenga un activo extra puede prestarlo para poner en funcionamiento su capital ocioso, mientras que las personas que lo necesitan para hacer crecer su negocio o para hacer frente a los costes operativos pueden acceder a él fácilmente.
Los mercados monetarios son las plataformas en las que se reúnen prestatarios y prestamistas. A lo largo de la historia, los mercados monetarios han sido generadores de actividades económicas. Aunque la estructura de los mercados monetarios ha cambiado con el tiempo, su función ha permanecido inalterada.
¿Cómo funciona el mercado monetario?
Convencionalmente, los mercados monetarios eran estructuras centralizadas que facilitaban los tratos entre prestamistas y prestatarios. Los prestatarios acudían a los mercados monetarios para obtener un préstamo a corto plazo (menos de un año) que podía estar garantizado. Si los prestatarios no pueden devolver sus préstamos, los prestamistas pueden vender la garantía para recuperar los fondos prestados. Cuando se devuelve el préstamo, se devuelve la garantía.
Los prestatarios deben pagar intereses a los prestamistas (por proporcionarles capital circulante) y una comisión al mercado monetario (por facilitar la operación). El tipo de interés proporciona una liquidez adecuada tanto a los prestatarios como a los prestamistas. La comisión pagada al mercado monetario les ayuda a cubrir sus gastos de funcionamiento.
Sin embargo, la estructura centralizada tiene un problema. Sencillamente, pone demasiado poder e influencia en relación con los fondos de los usuarios en manos de una sola entidad que puede cambiar los términos y condiciones para otros interesados de forma arbitraria. Y lo que es peor, puede incluso desviar los fondos de sus ganancias de custodia. Una estructura descentralizada ofrece una alternativa sólida a los mercados monetarios centralizados.



