Todos los escenarios son posibles. Pero no todos los escenarios son probables. El inversor inteligente basa sus pronósticos en lo probable. Sin embargo, también se prepara para lo improbable. En cuestiones de dinero, hay que ser pragmático y objetivo. La fe, la ilusión y la ideología son obstáculos, porque crean un sesgo cognitivo bastante perjudicial. Los mercados fluctúan por voto mayoritario. Y las opiniones de una pequeña minoría, con frecuencia, no tienen el peso suficiente para mover a todo un mercado. Los libertarios, anarcocapitalistas y conversadores de la comunidad cripto pueden tener convicciones muy fuertes y narrativas muy convincentes. Sin embargo, allá afuera, hay un mundo que piensa y actúa diferente.
La verdad de la tribu no es la verdad del universo. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, no todos creen en la utopía libertaria y en la cruzada anti-estatista. Los inversores, nos guste o no, todavía siguen considerando al dólar como un refugio seguro en tiempos de volatilidad e incertidumbre. Todavía se busca refugio en los bonos del Tesoro estadounidense. Todavía las decisiones de la Reserva Federal de los Estados Unidos hacen temblar a los mercados. Esto no es una hipótesis. Esto es una realidad y se puede comprobar en la acción del precio. No es narrativa, es evidencia. Bitcoin es considerado como un activo de riesgo. Un mercado emergente. Pero aún muy inmaduro. Así son las cosas.
Las ideologías son, en muchos casos, proyectos socio-políticos. Y esos proyectos son aspiraciones basadas en suposiciones y creencias. El error es pensar que todo el mundo cree lo mismo que uno. Si leemos todo el tiempo las mismas opiniones sesgadas y siempre nos movemos dentro de un mismo grupo idiosincrático, no es muy difícil llegar a pensar que el mundo entero comparte con nosotros las mismas creencias y aspiraciones. La causa se convierte en una identidad. Y la narrativa deja de ser una descripción objetiva de la realidad para convertirse en artículos de una fe colectiva.
Se cae, con frecuencia, en el síndrome de la confirmación. O sea, vemos lo que queremos ver. Tendemos a ser demasiado optimistas sobre nuestras posibilidades. Y tendemos a satanizar al bando opositor. En el imaginario de un bitcoiner militante y radical, Bitcoin es una especie de mesías con poderes sobrenaturales destinado a salvar a este mundo decadente. Los usuarios, naturalmente, son unos héroes y unos iluminados. Y los bancos centrales, los bancos privados, las corporaciones, los gobiernos y el dinero fiat son los malvados conspiradores. Es una lucha entre el pueblo y el establecimiento. Se trata de ellos contra nosotros.



