La administración de Joe Biden ya tiene más de un año en el poder. Y las cosas no están muy color de rosas para el demócrata. Sus niveles de popularidad están por el suelo y, al aparecer, tampoco es muy popular en el Congreso. Después de un presidente tan peculiar como Donald Trump, Estados Unidos ahora tiene un presidente mucho más convencional. Me refiero a que Joe Biden es un político de carrera, curtido en las prácticas y formas de Washington. Durante la campaña, se le acusaba de ser un izquierdoso al estilo del castrismo cubano y del chavismo venezolano. ¿Qué ha pasado? ¿Quién es Joe Biden realmente? ¿Cómo va su gestión?
Con la llegada de Biden al poder, se podría decir que la Casa Blanca volvió a la normalidad. En muchos sentidos, Joe Biden es un presidente chapado a la antigua. El caos y la locura de la era Trump pasó. Y ahora tenemos al tío Joe. Obvio que no estamos hablando de un sujeto particularmente carismático. No es un Obama ni un Bill Clinton. Se trata de un señor mayor, de baja energía, y de un hablar no tan fluido. De hecho, su principal virtud es no ser Donald Trump. Es decir, en las elecciones pasadas, los votantes se dirigieron a las urnas no para votar por Biden. Se dirigieron a las urnas para votar en contra de Trump. Joe Biden obtuvo la candidatura de su partido no por ser el mejor. La obtuvo por ser el menos malo entre los malos. En este caso, por ser la opción menos radical.
La estrategia, en efecto, funcionó. Trump perdió las elecciones. Y ya no es el presidente de los Estados Unidos. Pero, ahora, con Trump fuera del mapa, lo único que nos queda es el bueno del tío Joe. Joe Biden no es un radical de izquierdas. Y lo sabemos por su larga trayectoria. Biden no es un reciente llegado de la política. Su pecado no es precisamente ser un radical de izquierdas. De hecho, es todo lo contrario. Joe Biden es demasiado moderado. Es un centrista metido en un ambiente político sumamente polarizado. Por ende, no despierta pasiones en ninguno de los dos bandos. Su administración se considera como una administración mediocre no por hacer demasiado, sino por hacer demasiado poco. Trump era odiado o amado. Y nos tenía a todos al borde de un ataque de nervios con sus locuras. Biden, por el contrario, da ganas de dormir.
En lo personal, su centrismo me gusta. Pero hay que reconocer que el centrismo es aburrido. Los extremos suelen ser más apasionantes. Ahora bien, sus primeros meses no fueron malos. De hecho, fueron muy buenos. La economía siguió recuperándose. Los mercados bursátiles siguieron creciendo. La economía siguió creciendo. El empleo siguió creciendo. Y Bitcoin se portó muy bien. La crisis de la pandemia se manejó mucho mejor que en la era Trump. Bueno, al menos, se realizó una campaña mucho más coherente y ordenada por parte del Gobierno central. Es decir, en muchos sentidos, el cambio de administración asentó muy bien. Por un tiempo, tuvimos la sensación de que pasamos de la locura a la sensatez. Los inversores confiaron en Biden y siguieron invirtiendo.