¿Cuándo fue la última vez que recibió un pago atrasado o perseguiste una factura? ¿Esperaste tu paga mensual solo para darte cuenta de que se había retrasado una vez más? Puede que te sientas identificado con estos dolores de cabeza como inversor, empleado o cliente. Pero la tensión que afecta a cada una de estas partes singulares suele estar causada por un contribuyente inamovible: un contrato tradicional subyacente.
Los contratos afectan a la plantilla de todas las organizaciones, y el 26% de los empleados participan en la gestión de estos acuerdos en algún momento, según la Asociación Mundial de Comercio y Contratación. Con un efecto tan amplio en los colaboradores de una empresa, estos contratos deberían estar a la altura del resto de los avances de una empresa. Desgraciadamente, los contratos suelen dejarse en manos del mantenimiento y la ejecución humana por cualquiera de las partes implicadas, lo que puede dar lugar a descuidos y errores bastante costosos.
Los contratos inteligentes basados en blockchain pueden renovar los negocios y las relaciones con las partes interesadas, pero, como ocurre con la mayoría de los cambios estructurales importantes de una empresa, es importante hacerlos bien.
Trabajar de forma más inteligente, no más dura
El estilo actual de los contratos es defectuoso y anticuado, pero las organizaciones han hecho poco para cambiarlo. Una mala gestión de los contratos suele costar a las empresas al menos un 9% de sus resultados, una fuga de valor constante que puede llegar incluso a una pérdida del 40%, según PwC. Esta pérdida de ingresos se debe a la introducción de datos incorrectos, a las cuentas impagadas, a los problemas de gestión de clientes, a los informes incorrectos y a los descuentos, todo ello causado esencialmente por errores humanos.
Y los contratiempos no acaban ahí. Pueden producirse errores de comunicación y condiciones contractuales no cumplidas simplemente porque una de las partes implicadas no está al tanto de los acuerdos predeterminados. Esto crea toda una serie de complicaciones, como las fricciones entre las empresas y sus empleados o socios externos, que a menudo se dejan en manos de los expertos legales. Un contrato debe aportar claridad y fiabilidad, no plantear cuestiones que requieran aún más tiempo y energía para resolverlas.



