Ahora que el revuelo inicial en torno a las aplicaciones blockchain y el prolongado "invierno" blockchain que le siguió han quedado atrás, nos encontramos en medio de una "primavera" que está ayudando a las organizaciones a reinventar su forma de aportar valor. Tanto es así, que se espera que blockchain añada 1,76 billones de dólares a la economía mundial para 2030, según PWC.
Se espera que una parte importante de este aumento proceda de las implementaciones entre empresas (B2B), que son las que más pueden beneficiarse de las oportunidades de seguridad, inmutabilidad y racionalización que ofrecen las transacciones y relaciones basadas en blockchain. Con procesos que implican a múltiples socios, docenas (si no cientos) de productos y una engorrosa burocracia para casi cualquier proceso empresarial, es difícil exagerar lo mucho que pueden ganar las empresas, especialmente si se tiene en cuenta la aparición de competidores más ágiles.
Pero, aunque las pequeñas y medianas empresas (PYMES) son más rápidas y ágiles a la hora de adoptar nuevas tecnologías y productos, la adopción por parte de las empresas es lenta. Los ciclos de venta son largos, hay más puertas de entrada y sigue habiendo fuertes incentivos para que múltiples actores internos mantengan las cosas como están.
Entra el consorcio
Parte del ascenso de la blockchain empresarial ha venido del creciente deseo de los responsables de las empresas de unir fuerzas con otros para desarrollar y trabajar en soluciones similares. Todos esperaban que cuantas más entidades trabajaran juntas en el desarrollo y la gestión de pruebas de concepto, o fases piloto, podrían hacer que los desarrollos fueran más valiosos. Estos esfuerzos se han realizado a través de la afiliación a organizaciones de colaboración más grandes, o a los consorcios del "viejo mundo". Hemos empezado a ver la fundación de varios consorcios de blockchain designados para industrias específicas, como RiskStream y B3i.
Los consorcios industriales existentes y los organismos de gobernanza también comenzaron a establecer redes designadas para sus miembros, como el intento realizado dentro de la GSMA para el espacio móvil. En 2019, el 92% de los ejecutivos que respondieron a la Encuesta Global de Blockchain de Deloitte dijeron que ya pertenecían a un consorcio o planeaban unirse a uno.



