Evitar usar la passphrase durante una actualización protege contra bugs o firmware malicioso.
La mayoría de las pérdidas en autocustodia ocurren por errores humanos durante operaciones críticas.
En el ecosistema Bitcoin existe una paradoja incómoda: cuanto más soberano es un usuario, mayor es su responsabilidad operativa. La autocustodia elimina intermediarios, pero expone al individuo, y/o a la organización, a errores que ningún usuario puede revertir. Uno de esos eventos de responsabilidad en ese camino es la actualización de firmware de una hardware wallet.
Un firmware es, en términos simples, el sistema operativo del dispositivo que entre otras funciones almacena las claves privadas. Actualizarlo es necesario para corregir bugs, mejorar compatibilidad y/o ajustar vulnerabilidades. Pero, hacerlo sin un protocolo claro puede convertir una buena práctica en un riesgo innecesario.
Protocolo Acero es el nombre que doy a un conjunto de prácticas recomendadas para actualizar el firmware y surge precisamente para resolver este problema: no se trata de confiar en que “todo va a salir bien”, sino de diseñar el proceso para que incluso, si algo sale mal, los fondos permanezcan fuera de alcance.