Según los datos de la última encuesta de McKinsey & Company, las empresas con diversidad étnica y racial tienen un 35% más de probabilidades de tener ganancias por encima del promedio. Cuando hablamos de diversidad de género, el porcentaje es del 15%. Estos datos reflejan una cultura que todavía camina lentamente en Brasil, pero que ya es una realidad en las empresas de Silicon Valley.
“La primera vez que escuché sobre Silicon Valley, imaginé una ciudad con robots, drones y autos sin conductor, pero en realidad lo que sucede en Palo Alto es mucho más que solo tecnología, se trata de personas y cómo la diversidad inherente en ellos, tiene el poder de impactar directamente en la generación de valor y el potencial de negocio”, dice Ticiana Pereira, especialista en innovación y socia de negocios de Startse.
Ticiana, que pasó el último mes en el Valle investigando empresas y tendencias, dice que la diversidad se ve como una joya en bruto, ya que está claro cuánto invertir en variedad es fundamental para fomentar nuevas ideas y soluciones.
“La diversidad de estilos y culturas tiene un impacto directo en lo que hace del Valle el Valle, porque cuando un profesional o una empresa necesite identificar una solución, ya sea para cambiar un proceso, segmentar o crear nuevos productos y servicios, será la diversidad existente entre las personas la que enriquecerá el proceso. Son las diferentes formas de ver la situación las que apuntan a las innumerables posibilidades de qué hacer, cómo y para quién”, comenta.
La inquietud y la cultura del error
La inquietud de las personas en cuestionarse siempre por qué un proceso, segmento, producto o servicio funciona como lo hace, desafiando lo tradicional, también forma parte del día a día de las empresas que están en el Valle. Otro punto de estímulo es el incentivo a cometer errores, reforzando una cultura que entiende que cometer errores es parte fundamental del proceso.



