Muchas personas tienen problemas con el dinero. Lo consideran algo inmoral o superfluo. O piensan que el dinero no es necesario y que no les aporta nada. El rico, con frecuencia, es visto como un malvado. Porque el dinero frecuentemente se relaciona con la codicia, la envidia y la avaricia. Entonces, el que tiene mucho, sobre todo más de lo necesario, seguramente tiene todos esos males en su alma.
Los críticos del dinero suelen tener una visión del mundo muy peculiar. Es decir, creen, como decía Henry Thoreau, que la mayoría vive en un constante estado de callada desesperación. Al parecer, tenemos trabajos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos, para impresionar a personas que no nos caen bien. Entonces, desde este punto de vista, el trabajo es una especie de tortura para financiar una vida de apariencias que solo beneficia a una sociedad estúpida.
En otras palabras, es absurdo. Por contraste, el mundo sin dinero es prácticamente un paraíso de ocio, libertad, diversión y humildad. ¿Tienes algún amigo que piense así? ¿Has pensado así en algún momento? ¿Acaso piensas así?
La familia y la amistad no tienen la mala fama del dinero. Nadie ve mal que un padre alimente y vista a sus hijos. Nadie critica que un amigo ayude a otro en dificultades. Nadie reprocha que la familia comparta el pan. Todo lo contrario, eso se ve como algo bueno y positivo.
La familia y la amistad no son instituciones perfectas. Claro que tienen su lado negativo. Pero es más fácil hablar de lo bueno que de lo malo. Este no es el caso del dinero. Pareciera que es más fácil hablar de que el dinero no sirve o que hace daño. Sin embargo, tanto la familia como la amistad y el dinero son herramientas de cooperación. El dinero cumple funciones sociales muy importantes. Sabemos que es importante. De hecho, por eso trabajamos por él. Pero rara vez podemos expresar de manera articulada sus beneficios. En este sentido, los críticos del dinero tienen una ventaja sobre sus defensores.



