La Reserva Federal de los Estados Unidos (la Fed) tiene el peso del mundo sobre sus hombros. Es el guardián del todopoderoso dólar estadounidense. Su función es dirigir la política monetaria. Y ese poder se demostró plenamente durante la pandemia. Las acciones de la Fed influyen en los precios, en los salarios, en el crédito y en la economía en general. La Fed obedece a un doble mandato: Primero, garantizar el empleo pleno. Segundo, mantener la estabilidad de los precios. ¿Ha fallado la Fed? Sí. Pero la respuesta necesita una explicación.
En un mundo cada vez más polarizado, todo debate, nos guste o no, se vuelve un asunto político partidista. Hay opiniones de derechas. Y hay opiniones de izquierdas. La postura en sí, normalmente, pasa a segundo plano. Lo más importante, al parecer, es pertenecer a un bando amigo mientras se ataca al bando enemigo. Porque el mundo de hoy se divide en ellos y nosotros. Ellos son los culpables. Y nosotros somos los inocentes. Lo que complica seriamente el asunto, porque es terriblemente difícil hablar de una institución como la Reserva Federal de manera objetiva. El lector de hoy suele comenzar a leer a la defensiva y predispuesto. Solo acepta lo que ya considera como correcto. La única verdad es el dogma ideológico de la tribu. Todo lo demás son las mentiras del enemigo. Por lo general, no hay cambio. No hay reflexión. Solo hay combate entre bandos.
Para los conservadores y libertarios más radicales, la Fed siempre es culpable. En consecuencia, no satanizar a la Fed suele ser una aventura bastante peligrosa. Automáticamente, te convierte en un “malvado progresista”. O sea, un miembro del bando enemigo: “Un keynesiano”. En esta batalla, al parecer, no hay agentes libres. Eres de un bando. O eres del otro. Si no te ajustas a la propaganda de un bando, debes pertenecer obligatoriamente del bando enemigo. Eres sistema o antisistema. No hay medias tintas.
Ahora bien, ¿qué rol debe asumir el inversor apolítico? Me refiero al sujeto que simplemente quiere crecer financieramente y se ve en la obligación de realizar de vez en cuando un análisis macroeconómico del momento para poder diseñar su portafolio de inversiones. Ese individuo debe ser pragmático. Debe tener la cabeza fría para poder sopesar las consecuencias de las medidas de la Fed. De esta manera, tomar las decisiones financieras adecuadas. El inversor debe apoyarse en indicadores para dibujar un panorama. Si el panorama es optimista, podemos tomar acciones más riesgosas. Si el panorama es pesimismo, seguramente, debemos ser más cuidadosos.



