En los últimos años, las criptomonedas, especialmente Bitcoin, no sólo han logrado romper el estigma que se les ha aplicado, sino que también se han convertido en una gran innovación para los inversores y el mercado financiero. Sus múltiples funcionalidades y características aseguran que estos activos sean percibidos como medios de pago, divisas de cambio, opciones de inversión, entre otras situaciones.
Sin embargo, de la misma manera que subió rápidamente, la caída suele ser vertiginosa. Bitcoin, la principal y más antigua criptomoneda mundial, perdió gran parte de su valor a lo largo de 2022. Sin embargo, hay un segmento que sigue en ascenso a pesar del escenario de declive y devaluación: la minería de criptoactivos.
De una actividad inicialmente realizada por personas con conocimientos de tecnología en sus propios ordenadores personales, la actividad se ha convertido en una gran industria que moviliza inversiones y participación de más empresas. Prueba de ello es la proyección que hace Brandessence Research sobre este nicho en los próximos años. En 2021, por ejemplo, el mercado de minería de criptomonedas tenía un valor de 2,200 millones de dólares. En 2028, la expectativa es llegar a casi USD 5.3 mil millones, con un crecimiento promedio anual de 28.5% en el período.
El proceso de minería no es más que la validación y adición de nuevas operaciones de criptomonedas en la base de datos que utiliza (normalmente la cadena de bloques). Estas son personas y empresas que autentican transacciones con códigos matemáticos complejos y ponen a disposición más criptoactivos en la red.
Estos usuarios y organizaciones son los responsables de validar la información que viaja a través de la cadena de bloques, asegurando su protección contra intentos de fraude. El minero recibe un bloque de transacciones, las valida todas para garantizar que no haya doble gasto y agrega el bloque a la cadena de transacciones para que esto funcione. El minero recibe un incentivo en bitcoin.