Todo parece indicar que el precio de Bitcoin quiere volver a probar el mínimo de $17.6K alcanzado en junio para formar un doble fondo o para formar un nuevo mínimo a niveles más bajos. Últimamente, los días rojos han sido muy rojos. Y los días verdes han sido de un verde mucho más modesto. Las bajistas, definitivamente, están en control. Y muchos están vendiendo a pérdida evadidos por el pesimismo. De hecho, estamos por debajo de las medias móviles simples de los 100, 50 y 20 días. Al parecer, aún tenemos algo de convicción por encima de los $19.5K. Sin embargo, en términos generales, no son buenos tiempos para los alcistas. Se necesita de un milagro para salir de este meollo. El rally de verano duró lo que tenía que durar. Y ahora nos espera un septiembre con mucha incertidumbre. Señores, aquí puede pasar cualquier cosa.
Los debates van en círculos. Si no se logra reducir la inflación al objetivo, el panorama no es muy favorable. Si se logra reducir la inflación creando una recesión, el panorama tampoco es muy favorable. En este escenario, lo ideal sería reducir la inflación sin crear una recesión. Lo que en teoría es posible. De hecho, hay algunos precedentes. Me refiero al famoso y anhelado “aterrizaje suave”. Sin embargo, eso no es muy fácil de lograr en nuestra actual situación. El problema es que reducir la inflación mediante una reducción de la demanda vía política monetaria no es un paseo por el parque en el caso de una economía con tantos obstáculos en las cadenas de producción y distribución. Es decir, la mitad del problema yace más allá del poder de los bancos centrales. Mejor dicho, la Reserva Federal no tiene control sobre el suministro.
Hay problemas logísticos por doquier. Eso sin mencionar la guerra en Ucrania, la recesión en Europa, las renovadas restricciones por el Covid-19 en China, y las limitaciones estructurales de la producción de petróleo. Restablecer un equilibrio entre la demanda y el suministro para, de este modo, equilibrar los precios no se logra sin algo de “dolor” en un mundo con problemas de suministro.
La separación entre los mercados bursátiles y el mercado de bonos dificulta la lectura del sentimiento del mercado en general. Los mercados bursátiles van y vienen entre el optimismo y el pesimismo. El mercado de bonos sí está dando señales más claras de pesimismo. En mi opinión, la explicación de esta disonancia radica en la cantidad de minoristas haciendo trading de manera coordinada en las redes sociales. En las redes, se forman grupos con la misma idiosincrasia para montar esquemas Pump and Dump enmascaradas como narrativas de -ellos contra nosotros- al estilo Robín Hood. Esto crea una volatilidad adicional en los activos más especulativos. Lo que, a su vez, crea situaciones atípicas de difícil interpretación. ¿Por qué sube X acción cuando debería estar bajando? En muchos casos, se trata de campañas de promoción con fines especulativos, orquestadas por las partes interesadas.



