Si quieres invertir en el mercado, hay dos cosas que debes saber. La primera es que el mercado es impredecible. No hay nadie que pueda decirte con certeza qué va a pasar. Si alguien te promete eso, te está mintiendo. Solo quiere venderte algo o hacerte creer que tiene la razón. La segunda es que el mercado se mueve a veces de forma irracional. No siempre sigue la lógica o los datos. Aun así, para poder comprar o vender, tienes que hacer estimaciones y pronósticos. Pero no te confíes demasiado en ellos. Son solo herramientas, no verdades absolutas.
¿Qué quiere el inversor? Quiere hacer dinero, claro. ¿Y cómo lo hace? Pues usando su capital para comprar y vender. Pero no cualquier cosa, sino algo que suba de precio. Porque si compra algo hoy y lo vende mañana al mismo precio, no gana nada. Y si lo vende más barato, pierde. Así que tiene que comprar barato y vender caro. Eso es lo que se llama rentabilidad. Pero no basta con que suba un poco, tiene que subir más que otras opciones de inversión más seguras y predecibles, como los bonos o los depósitos. Porque si no, ¿para qué arriesgarse? Así que el inversor busca algo que le dé una buena rentabilidad ajustada al riesgo. O sea, que le compense el riesgo de perder dinero con la posibilidad de ganar mucho más. ¿Fácil, no? Pues no tanto, porque si fuera fácil, todos seríamos ricos.
Imaginemos al pobre que compró Bitcoin en su máximo histórico. Ese que se dejó llevar por la fiebre del momento, por lo que le decían sus amigos y las redes sociales. Que pensó que el precio no tenía techo y que iba a seguir subiendo. Pero resulta que el precio se desplomó y se fue al suelo. ¿Qué le dijeron entonces sus amigos? ¿Qué le repitieron como un mantra en las redes sociales? Espera. Sé paciente. Haz hodling. O sea, no vendas, aguanta. Pero ese pobre lleva más de dos años con una pérdida no realizada de casi el 50%. Si en vez de comprar Bitcoin, hubiera comprado bonos del Tesoro con una rentabilidad del 3% al año… Ahora estaría en verde. Y tendría suficiente liquidez para poder comprar Bitcoin a un mejor precio. O para gastarlo en algo más útil, como unas vacaciones o un curso de inversión.
El problema es que en el mercado de las criptomonedas, la herramienta más utilizada para atraer nuevos capitales es la narrativa. El público objetivo es el joven inexperto, rebelde y con grandes aspiraciones. Ese joven se deja impresionar por las grandes ideologías. Y su necesidad de pertenecer lo hace un excelente candidato para los encantadores de serpientes. Esta industria tiene un ejército de creadores de contenido, como youtubers, tuiteros, redderos y tiktokers, con grandes incentivos para hacerte creer que Bitcoin es el futuro y que tienes que comprarlo si quieres hacerte rico. Su trabajo consiste en vender esta narrativa. Porque esta industria es un monstruo que crece solo cuando lo alimentas de capital nuevo. Entonces, tienen que vender de una manera emocionante, convincente y contagiosa.
Pensemos en el CEO de un exchange. Ese que tiene mucha seguridad y es muy popular en la comunidad. ¿Es alcista o es bajista? Si le preguntas, ¿debo comprar Bitcoin? ¿Qué crees que te dirá? Eso es como preguntarle a un barbero si necesitas un corte de pelo. Claro que es alcista. Su negocio depende de ello.



