Es una historia de codicia y ambición tan antigua como el tiempo. Pero, por alguna razón, no siempre aprendemos la lección. El exceso de confianza nos ciega con demasiada frecuencia. De hecho, las personas más capaces e inteligentes son las primeras en comentar los grandes actos de torpeza. En medio de tanto deseo, se asumen riesgos innecesarios para comer más de lo que podemos masticar. Y, en el proceso, nos exponernos a perder lo que tenemos y lo que no tenemos. Definitivamente, la estupidez humana es infinita.
Se pone en riesgo lo que sí necesitamos para ganar lo que no necesitamos. Es absurdo, pero sucede mucho. Las personas ponen en riesgo los ahorros de toda una vida en busca de rendimientos extraordinarios. En la práctica, se pone en riesgo el pan para comprar un lambo. En el proceso, se pierde el pan, el pan del otro y el lambo.
En este punto, es bastante útil hablar de la teoría de la estupidez. El hecho de que la estupidez está en todas partes. Pero, con frecuencia, subestimamos su enorme poder y no reconocemos su presencia. De hecho, las personas muy exitosas son, particularmente, propensas a la estupidez. Por lo general, la estupidez suele ser una explicación más exacta que la maldad. Y, en la mayoría de los casos, la estupidez es un agente mucho más dañino y destructivo que la maldad. Uno podría llegar a pensar que mucho de lo que ha ocurrido en el espacio cripto es producto de la maldad. Pero lo más seguro es que, una vez más, sea la estupidez la gran responsable de tanta destrucción de riqueza. El bandido gana perjudicando al otro. Pero, al menos, alguien gana algo. El estúpido, por el contrario, arruina la fiesta para todos. Pierde él, pierden los demás, y pierden todos.
Muchos de nosotros andamos por la vida creyéndonos unos genios. Nos sentimos especiales. Nos sentimos, de algún modo u otro, seres superiores. O sea, las personas normalmente se sobrestiman a sí mismas y subestiman a los demás.
Todos, a cierto nivel, sufrimos del síndrome del sabelotodo. Se podría decir que las cosas que no sabemos son mayores a las que sí sabemos. Sin embargo, rara vez, lo reconocemos. Pensamos que sabemos mucho. Sin embargo, en realidad, sabemos muy poco. En muchos aspectos de nuestra vida, somos muy ignorantes y bastantes ineptos. Pero, en nuestro fuero interno, la idea de que somos unos genios se mantiene. En otras palabras, andamos por la vida haciendo el ridículo con nuestro ego bien hinchado. Esa actitud, naturalmente, nos hace cometer muchos errores. Con nuestra estupidez, nos hacemos daño y le hacemos daño a los demás.