Las falsas esperanzas son habituales durante un ciclo bajista. Todo parece ir de una manera. Las probabilidades nos indican que el precio se moverá en un sentido. Sin embargo, por sorpresa y en contra de todos los pronósticos, se genera, un rally alcista como de la nada. De pronto, los alcistas se mofan de los bajistas y, embriagados de la emoción, se declara el fin de la racha bajista. Claro que, al poco tiempo, todo vuelve a caer y se pierde todo lo ganado durante ese breve periodo de entusiasmo. ¿Qué sucede?
Lo que sucede es que la duda y la incertidumbre generan volatilidad y la volatilidad va en ambas direcciones. Las caídas en el precio del petróleo sirvieron como un catalizador para un mercado cansado de perder. Los inversores alcistas estaban esperando una excusa para declarar el fondo con la ilusión de aprovechar la ocasión para comprar en descuento. Todo fue hermoso, mientras duró. Pero duró muy poco tiempo. El nuevo CPI llegó y los datos fueron decepcionantes. La inflación no mejoró durante el mes de agosto. De hecho, aumentó. Lo que significa que la Reserva Federal de los Estados Unidos no tendrá más opción de seguir aumentando las tasas con agresividad. Todo parece indicar que un aumento del 0.75% vuelve a estar sobre la mesa para la reunión de este mes.
Todo inversor debe comprar con una expectativa. O sea, debe hacer su pronóstico. Y ese pronóstico debe basarse en la probabilidad. La semana pasada hablamos de esto. Esta semana vamos a profundizar un poco más. El pronóstico puede ser alcista, bajista o lateral. Si el pronóstico es alcista, es momento de comprar. Si es bajista, es momento de vender (o ir en corto). Y si el pronóstico es lateral, lo mejor es esperar. Los precios de referencia, por lo general, son las resistencias y los soportes. Y, normalmente, entramos al romper una resistencia en la presencia de un breakout. O nos salimos al romperse un soporte en la presencia de un breakout bajista.
Supongamos que nuestro ratio de victoria (win rate) es del 80%. Eso implica que tenemos un 20% de probabilidad de equivocarnos. O sea, pensamos que el precio se moverá en un sentido. Sin embargo, resulta ser que el precio decide apostar por lo improbable. Y eso ocurre 2 de 10 veces. En otras palabras, somos excelentes en nuestros pronósticos. Pero no somos adivinos. Después de todo, estamos hablando de predecir eventos bastante aleatorios.



